Después de 15 días recorriendo Bolivia, desde el Salar de Uyuni hasta Copacabana, iniciamos una nueva etapa de nuestro viaje por Sudamérica: Perú. En medio del Titicaca, el lago navegable más alto del mundo, se encuentran las islas flotantes de los Uros, donde pasaremos los próximos tres días.
Al llegar a Puno, un coche nos llevó directamente al Puerto de Qalapajra, donde abordamos un pequeño bote hacia Uros Samaraña Uta Lodge, nuestro alojamiento.
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A las dos de la tarde, después de un trayecto de unos 30 minutos por el lago, desembarcamos en la isla. El vaivén sutil del suelo al pisar nos recordó que estábamos sobre una plataforma viva, tejida con capas y capas de totora. Allí nos recibió César y su familia, quienes gestionan este pequeño alojamiento. Nos dieron la bienvenida y nos mostraron nuestra habitación: una cabaña, de madera, con vistas directas al lago.
Después del almuerzo, pasamos la tarde en el deck de nuestra habitación y conversando con nuestros anfitriones sobre la vida en este peculiar entorno. César nos contó cómo las islas requieren un mantenimiento constante, pues la base de totora debe renovarse regularmente para evitar que se hunda. También nos habló de cómo ha cambiado su comunidad en los últimos años y como aún no se había recuperado la actividad después de la pandemia.
El atardecer en el Titicaca es un espectáculo en sí mismo. Desde nuestra terraza, el cielo se pintó de naranjas mientras el agua reflejaba los últimos destellos del sol. Con la caída de la noche, el frío se intensificó, y nos refugiamos en nuestra habitación, donde las gruesas mantas y una pequeña estufa nos aseguraban una noche cálida y reparadora.



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A la mañana siguiente, después de un desayuno con café caliente y pan recién hecho, salimos a conocer otras islas. A bordo de un bote más grande que el del día anterior, con Cesar y otros tres huéspedes, pusimos rumbo a una isla donde los locales nos explicaron en detalle cómo aspectos de su día a día, como por ejemplo, como construyen sus casas, cómo se alimentan o cómo funcionan las pequeñas islas escuela para los niños.
Más tarde, cambiamos de embarcación y navegamos en un barco de totora, o como lo llaman ellos entre risas, su Ferrari. Llegamos hasta otra isla, donde pudimos estampar en nuestros pasaportes un sello simbólico de los Uros.
Por la tarde, teníamos incluida una visita a las islas de Taquile y Amantaní, pero Rubén ya había estado y a mí no me llamaba demasiado la atención, así que decidimos quedarnos en nuestro alojamiento para aprovecharlo. A veces solemos viajar muy rápido, sin tener tiempo de saborear cada lugar, y en este viaje preferimos renunciar a conocer algunos destinos turísticos para vivir la experiencia con más calma. Aprovechamos la tarde para relajarnos en la terraza, dar un paseo en kayak y tratar de fotografiar algunas aves.







El tercer día comenzó con un paseo en una embarcación típica, más rústica y pequeña que la del día anterior, pero aún utilizada por algunas familias Uro en su vida diaria. César nos contó que, aunque las lanchas a motor son ahora comunes, muchos siguen usando las balsas de totora para pescar o desplazarse entre islas.
Tras el almuerzo, emprendimos el regreso a Puno con las pilas bien cargadas para empezar esta nueva etapa del viaje. Más allá del exotismo de las islas flotantes, lo que nos llevamos fue un vistazo a una forma de vida que, pese a la modernidad y al turismo, sigue aferrada a la tradición y al vínculo con el Titicaca.


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Qué son las Islas Flotantes de los Uros
Las Islas Flotantes de los Uros son un conjunto de más de 120 plataformas artificiales construidas con totora, una planta acuática que crece en el lago Titicaca. Estas islas están habitadas por los Uros, una comunidad indígena preincaica que ha encontrado en el turismo su principal fuente de ingresos.
Aunque los Uros han adoptado costumbres contemporáneas, su modo de vida sigue girando en torno al lago y la totora. No solo utilizan esta planta para construir sus islas, sino también para elaborar viviendas, embarcaciones y hasta algunos alimentos.
Cómo visitar las Islas Flotantes de los Uros
Para conocer las islas hay dos opciones:
- Tour de un día: Desde Puno, puedes contratar excursiones que incluyen transporte en bote y una visita guiada a algunas islas.
- Alojamiento en una isla: La mejor opción para vivir la experiencia con más calma. Hay varios lodges gestionados por familias locales que ofrecen estadías con comidas incluidas y actividades en el lago.
Si el tiempo lo permite, pasar al menos una noche en las islas es una oportunidad única para desconectarse y conocer desde dentro la cultura de los Uros. El lago Titicaca no es solo un paisaje impresionante, sino también el hogar de una comunidad que, sobre sus frágiles islas de totora, sigue resistiendo el paso del tiempo.

Nuestra experiencia en Samaraña Uta Lodge
Nosotros reservamos nuestro alojamiento a través de Booking, para poder tener la cancelación gratuita. Desde el primer momento, la comunicación con César fue fluida. Optamos por reservar con ellos porque el paquete incluía todo lo necesario, sin sorpresas de precios ni complicaciones logísticas. En este enlace puedes reservar directamente tu estadía en Samaraña Uta Lodge.
El alojamiento nos gestionó un taxi desde la terminal de buses hasta el puerto y, al regreso, otro taxi desde el puerto hasta nuestro hotel. En la estancia estaban incluidos el desayuno, almuerzo y cena, además de té y café ilimitados. También nos proporcionaron el bote de traslado entre el puerto y la isla, visitas a otras islas de los Uros, la opción de conocer Taquile y Amantaní (que decidimos no hacer), kayak y paseo en totora.
Un punto importante es que en nuestra habitación había agua caliente y una estufa, por lo que no pasamos frío en ningún momento. Además, el segundo día tuvimos que ir a Puno a recoger un paquete que no pudimos buscar el día que llegamos, y César no solo nos gestionó el taxi para movernos por la ciudad, sino que también nos llevó al puerto y nos recogió. Sin duda, una elección correcta y excelente gestion que nos permitió disfrutar del Titicaca sin preocupaciones.




Antes de las 4 de la tarde estábamos de vuelta en Puno. Dejamos el equipaje en el hotel y, aunque el cuerpo pedía descanso, no queríamos desperdiciar la tarde. Para aprovechar el tiempo, coordinamos con el taxista que nos había estado llevando de un lado a otro desde que llegamos para que nos recogiera en el puerto y nos llevara a los lugares que queríamos conocer en la ciudad.
En el próximo artículo te contamos qué hacer en Puno. ¡No te lo pierdas!
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