Conducir por las llanuras inundadas del Salar de Uyuni ya es, de por sí, una experiencia que deja huella. Pero, tras tres días de recorrido por el altiplano boliviano, nuestro viaje tomó un giro un tanto inesperado: quince días antes de nuestra llegada a Colchani, nos enteramos de la noticia de un toque de queda por el censo anual en todo el país. Las calles quedarían vacías hasta el domingo, lo que nos planteó un dilema logístico y, a la vez, una oportunidad que no podíamos dejar pasar.
Nuestra opción inicial había sido pasar una noche en el icónico Hotel Palacio de Sal, famoso por ser el primer hotel construido enteramente con bloques de sal. Sin embargo, con cuarenta y ocho horas obligatorias sin salir del alojamiento, teníamos dos opciones: retrasar nuestro itinerario y quedarnos en San Pedro de Atacama hasta el lunes o extender nuestra estadía a dos noches en el Hotel Palacio de Sal. Optamos por lo segundo, era la excusa perfecta para disfrutar más a fondo de un alojamiento como este, que combina la autenticidad del entorno con un lujo discreto y bien pensado.

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Una arquitectura que respira el salar
Ubicado a pocos kilómetros del Salar de Uyuni, podríamos decir que el Palacio de Sal no solo es un hotel, sino una extensión del salar mismo. Sus paredes, techos y hasta algunos muebles están hechos de bloques de sal compacta, un recordatorio constante de que aquí la naturaleza es la protagonista. Lejos de sentirse frío o minimalista, el diseño del hotel logra ser acogedor, con una combinación de detalles rústicos y contemporáneos.
El lobby, amplio y bañado por la luz natural, da la bienvenida con un aire que mezcla lo tradicional y lo moderno. Desde sus ventanales se extienden vistas ininterrumpidas hacia el infinito blanco del salar, creando la sensación de estar en un oasis suspendido en el tiempo.
Llegamos al hotel alrededor de las dos de la tarde y decidimos que el spa sería nuestra primera parada. La piscina interior, con su atmósfera tranquila y relajante, fue el refugio ideal tras los días de aventura y para nuestra sorpresa, estuvimos completamente solos.
Hacia las siete, con el sol cayendo lentamente sobre el salar, nos dirigimos al bar. Los enormes ventanales, orientados hacia el salar, ofrecían una vista privilegiada del cielo que poco a poco se iba tiñendo de tonos rosados y naranjas. Fue un atardecer que disfrutamos desde la cómoda calidez del bar. Decidimos cenar allí mismo, compartiendo tres platos que nos dejaron más que satisfechos por 185 bolivianos.


Un toque de queda de lujo
El sábado, el toque de queda continuaba, lo que nos permitió disfrutar el hotel sin prisas y con la sensación de que no nos estabamos perdiendo nada. Parece una tontería pero cuando estamos fuera de casa, nos cuesta mucho quedarnos en el hotel descansando y aprovechando cada uno de los espacios. Comenzamos el día con un desayuno bufet completísimo, después de desayunar, decidimos dedicarnos a tareas pendientes: organizar las fotos y videos que habíamos tomado durante el tour, hacer copias de seguridad y editar un ratito.
A la hora del almuerzo, nos dirigimos al restaurante Tika Palace, donde el concepto de buffet libre elevaba la experiencia gastronómica. Una fusión entre los sabores bolivianos y la cocina gourmet internacional nos sorprendió gratamente. Una variada selección de platos, un ambiente cálido y un servicio impecable. El precio del almuerzo para dos personas con bebidas nos salió por 429,75 bolivianos.
Por la tarde, volvimos al spa un buen rato antes de salir a los alrededores del hotel. Aunque el toque de queda limitaba nuestras opciones, pudimos caminar un poco y capturar algunas fotos del salar al atardecer. Para cenar, decidimos repetir en el bar, eligiendo dos hamburguesas con bebidas por 146 bolivianos.

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Por qué elegir el Palacio de Sal
Nuestra decisión de extender la estadía no solo nos permitió evitar las complicaciones logísticas del toque de queda, sino que también nos permitió disfrutar con calma en un lugar que redefine el concepto de lujo. Aquí, el lujo no está en la opulencia, sino en la capacidad de ofrecer experiencias únicas en un entorno que no tiene comparación.
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Seguimos la ruta
El domingo por la mañana, tras levantarnos sin prisas y desayunar, recogimos nuestras mochilas y nos despedimos del Palacio de Sal. A las doce hicimos el check-out, y desde el mismo hotel nos llevaron a la estación de autobuses de Uyuni, un servicio incluido que facilitó mucho nuestra transición hacia el próximo destino: Potosí.
Tras estos primeros días del viaje, empieza la aventura de verdad, pues a partir de aquí nuestro principal medio de transporte serán los autobuses. Hemos leído de todo sobre los autobuses en Bolivia y ha llegado el momento de comprobarlo por nosotros mismos. ¿Nos acompañas?
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