4 días entre lagunas y salares en el desierto de Atacama

Decidimos llegar a Copiapó un día antes de empezar la ruta por la cordillera. Salimos de Santiago con Sky Airline a las 17:05 y en 1 hora y 29 minutos llegamos a nuestro destino. El aeropuerto de Copiapó es muy pequeño, sin perdida alguna para encontrar un transporte hacía tu destino final. Hay un transfer compartido que sale hacía Copiapó a la llegada de cada vuelo, pero se llena en un abrir y cerrar de ojos así que, o nos íbamos en taxi o esperábamos 2 horas a que llegara el próximo vuelo y tomábamos ese transfer.

Elegimos la primera opción y en 45 minutos llegábamos a nuestro hotel. El trayecto nos costó 40.000 CLP pero debería ser como máximo 30.000, ya que a nosotros nos cobró  más por hacer una parada en el camino para sacar efectivo.

Nos alojamos en el Hotel Vento y a ultima hora de la tarde pasó a vernos Ercio, de Puna de Atacama y quién sería nuestro guía por el altiplano, para revisar el brief antes de empezar la expedición el siguiente día.

Desierto de Atacama

Primer día

Copiapó es nuestro punto de partida y de cierre, para esta ruta de cuatro días por una de las zonas menos conocidas turísticamente del desierto de Atacama. Digo turísticamente porque quien bien conoce cada milímetro de esta extensión son las mineras, explorando y explotando una región qué, a día de hoy, sigue demasiado desprotegida.

Ya en nuestra primera parada pudimos ser testigos de como la minería fue y sigue siendo el principal motor económico de estas comunas. Inca de Oro, situado a medio camino entre Copiapó y Diego de Almagro nos invita a imaginar como fue en sus tiempos dorados. No tenemos tiempo que perder, así que seguimos rumbo al norte hasta Agua Verde, donde tomaremos el desvío para empezar a subir la cordillera.

Inca de Oro
Ultima parada en la Ruta 5

Poco a poco, mientras la altura va en aumento, observamos como el paisaje que nos rodea va cambiando lentamente, se vuelve más arido y el altiplano chileno empieza a cubrirse de ichu hasta donde nos alcanza la vista. Casi sin darnos cuenta, asombrados por los colores y texturas del desierto, llegamos al Salar Agua Amarga, el primero de nuestra ruta de 4 días por el altiplano chileno.

Una extensa llanura, donde unos inmenso ojos de color turquesa rompen el blanco puro del salar.  Un paisaje surrealista, rodeado de montañas, nos da la bienvenida a la cordillera y nos advierte de lo que está por venir.

Salar de Agua Amarga, Región de Atacama
Salar de Agua Amarga, Desierto de Atacama, Chile

Un poco antes del atardecer continuamos nuestro camino hacía el Salar de la Azufrera, donde pasaremos la primera noche. Debemos llegar antes de que caiga la noche y así tener tiempo para montar el campamento. El olor distintivo del azufre impregna el aire. Aquí, la naturaleza nos muestra su lado más imponente, con formaciones salinas que parecen esculpidas por el paso del tiempo y la fuerza de los elementos.

Años atrás, en este mismo lugar, se ubicaba un importante yacimiento de azufre y las cuevas donde pasaremos la noche fueron utilizadas como alojamiento para los mineros que trabajan en la explotación, conocidas como campamento «Plato de Sopa».

Tras un largo día de aclimatación, la altura decide darnos un toque de atención y empiezo a sentir un fuerte dolor de cabeza así que decido acostarme un rato mientras Ruben y Ercio se encargan de la cena. Por suerte puedo levantarme unos minutos para comer algo rápido y asomarme fuera de la cueva donde un manto de estrellas ya cubría todo el cielo. Nunca hemos visto nada igual…

Segundo día

Tras ver el amanecer con una taza de café recién hecho entre las manos y el mal de altura ya superado, recogimos nuestras cosas para seguir hacia el Salar de Gorbea, quién nos recibe con su característico color amarillo. Sus tonos se deben a la fuerte presencia de azufre en las salmueras que contiene este salar, los cuales se hacen más evidentes con el fuerte contraste de los volcanes a su alrededor.

Estamos muy cerca de los 4.000 msnm y a lo lejos vemos como un grupo de vicuñas se aproxima poco a poco hacia donde nos encontramos. Decidimos caminar un poco alrededor del salar, para ver los «ojos» de este, enormes ojos de unos cuantos metros de profundidad desde donde aparece la salmuera subterránea.

Seguimos con nuestro recorrido, pasando por el Salar Ignorado, tan ignorado como bonito; pues se trata de un pequeño salar, de apenas 1 kilometro en su lado más extenso, situado en medio de un vasto paisaje.

Salar de Gorbea
Montañas en el desierto de Atacama

Conocer los tesoros escondidos entre las cumbres atacameñas significa pasar largas horas montado en un 4×4 recorriendo el terreno desafiante de la cordillera. Además, la mayor parte del tiempo estamos por encima de los 4.000 msnm y eso hace que debamos movernos muy despacio. No tenemos horarios fijos, vamos sobre la marcha, dejándonos llevar por la puna con la única premisa de llegar al siguiente campamento antes de que anochezca.

Llegamos al Salar de la Isla uno de los más extensos y alejados de la comuna Diego de Almargo. Un enorme salar de más de 150 kilometros cuadrados que nos deja sin palabras nada más verlo. El viento sopla fuerte y logramos encontrar un lugar más o menos resguardados para montar la mesa y almorzar un sandwich improvisado. 

Tras un breve descanso en este maravilloso lugar, seguimos bordeando todo el salar. No solo su inmensidad es sorprendente, sino que a cada kilometro aparecen colores y texturas distintas a las que habíamos visto hasta el momento. Es increíble como la naturaleza no deja de sorprendernos.

Salar de la Isla
Salar de la Isla
Salar de la Isla

Aqui el tiempo pasa volando y debemos apresurarnos a llegar al sector de La Ola antes de que anochezca. Ahí hay una pequeña casa propiedad de CODELCO, la Operación Nacional del Cobre, utilizada ocasionalmente como refugio. Si tenemos suerte y no ha llegado nadie antes que nosotros, podremos pasar la noche a resguardo del gélido frio sin tener que montar las tiendas de campaña, de lo contrario, debemos ubicar un lugar para hacerlo.

Tenemos dos largas horas de camino por delante pero nos queda una última parada. Tras bajar una gran quebrada, el Salar de Aguilar se asoma a lo lejos, dejando ver cada vez más cerca, su costra blanca y rugosa con grandes ojos de un azul intenso.

La suerte está de nuestro lado y no solo dispondremos de colchones para esta noche, sino que también de una mesa y cuatro sillas para pasar las ultimas horas del día a cubierto antes de irnos a la cama.

Salar de Aguilar

Tercer día

Después de dos días intensos por la cordillera de Atacama, nos permitimos un merecido descanso en las Termas de Río Negro, mal conocidas por algunos como Termas de Juncal. Un lugar ideal para disfrutar de un baño reparador y contemplar el paisaje circundante a 4.100 msnm. El sol aparece tímidamente y poco a poco el frío de la noche da paso a un «caluroso» día.

Nos espera un largo día por delante. Nuestro plan de hoy es hacer un recorrido circular, parando en distintos salares y lagunas, y regresar a ultima hora al punto de inicio, pasando la noche en el mismo refugio. Tras una breve parada en el Salar de Piedra Parada ponemos rumbo a la Laguna del Jilguero. Cuál pintura sobre lienzo, en el que diferentes tonos de azul dibujan finas líneas horizontales en el horizonte. Parece que cada tono de esta paleta haya sido escogido delicadamente para que ningún trazo quede fuera de lugar.

Termas de Río Negro
Laguna del Jilguero

Seguimos hacia la Laguna del Bayo, a escasos 800 metros de tierras argentinas y a los pies del imponente Sierra Nevada de las Lagunas Bravas. Seguimos avanzando, tratando de seguir los rastros de otros coches. Atacama nos sigue sorprendiendo y aún nos quedan un par de lugares por conocer antes de regresar al refugio.

A eso de las doce y media del mediodía llegamos a las Lagunas Bravas, el paisaje que nos rodea habla por si solo y la imagen que tenemos delante se vuelve surrealista. Una vez mas tratamos de fotografiar los colores y texturas que nos regala la naturaleza pero resulta imposible plasmar en una sola fotografía lo que vemos a través de nuestros ojos.

Laguna del Bayo
Lagunas Bravas
Lagunas Bravas, Desierto de Atacama, Chile

Como ya hemos comentado, las horas en la puna de Atacama pasan en un abrir y cerrar de ojos por lo que no nos queda otro remedio que adaptarnos al ritmo que llevamos aunque a veces nos obligue a cambiar un poco de planes. Llegamos a nuestro ultimo objetivo mas tarde de lo que teníamos pensado así que no podemos descubrir a fondo el Salar de Pedernales.

Aún así aprovechamos la luz que nos queda para caminar un poco por la zona y fotografiar flamencos rosados, burros salvajes y algún que otro pato silvestre que juega en el agua.

Burros y flamencos compartiendo habitat en el Salar de Pedernales

Cuarto día

Nuestro cuarto y último día comienza a las seis de la mañana con un trayecto a través del Salar de Maricunga, el más austral de América. La vastedad de su suelo salino nos acompaña mientras avanzamos hacia la Laguna Verde. Esta laguna, ubicada cerca de la frontera con Argentina, es famosa tanto por su intensa coloración verde esmeralda como por sus aguas cálidas, una característica inusual y acogedora en medio del frío cortante de la altura. 

La Laguna Verde es, además, un popular punto de aclimatación para alpinistas que se preparan para escalar el imponente Ojos del Salado, el volcán activo más alto del mundo, con 6.893 metros sobre el nivel del mar. Esta área es un verdadero santuario de montañas, la mayor concentración de cumbres de más de seis mil metros en todo el continente. En este rincón de la puna, el paisaje parece estar esculpido por titanes, como si la tierra se levantara en un último suspiro de grandeza antes de descender nuevamente hacia las planicies.

Nos dirigimos hacia el paso fronterizo de San Francisco, desde donde obtenemos una de las vistas más privilegiadas del Ojos del Salado. En ese momento, sentimos la verdadera dimensión de estos gigantes. Las montañas aquí no son solo formaciones rocosas, sino testigos de siglos de historia natural.

Laguna Verde
Laguna Verde
Ojos del Salado
Frontera Chile-Argentina

Nuestra última parada es el Parque Nacional Nevado de Tres Cruces, una reserva que debe su nombre al macizo volcánico de más de seis mil metros que la corona con sus tres cumbres. A sus pies y conectada al Salar de Maricunga, se extiende la Laguna Santa Rosa, a 3.700 metros de altitud, un espejo de agua hipersalina que reposa en el corazón de este inhóspito paraje. Aquí se encuentra el Refugio Maricunga, un pequeño pero acogedor refugio gestionado por nuestro guía Ercio, quién se ha convertido ya en un amigo.

Antes de despedirnos, nos permitimos un último respiro en la calma de la puna, contemplando las aguas de la Laguna Santa Rosa donde comparten espacio flamencos y guanacos.

Laguna Santa Rosa
Refugio Maricunga, en la Laguna de Santa Rosa

Tras cuatro días de aventura en el altiplano, regresamos a Copiapó, agotados pero satisfechos. Nos dirigimos a las oficinas de alquiler para recoger el coche que nos llevará hasta nuestro próximo destino: Bahía Inglesa, en Caldera. Aunque sigue siendo parte del desierto de Atacama, Bahía Inglesa es un verdadero oasis costero, donde sus aguas turquesas y transparentes ofrecen un contraste absoluto con los paisajes áridos que hemos dejado atrás.

Reservamos en el Hotel Rocas de Bahia, buscando un lugar para recuperar energías. Después de días sin duchas y con las cámaras llenas de polvo y memorias, una cama cómoda y una ducha caliente son lujos que apreciamos más que nunca. Para la cena, nos acercamos a El Plateao, un restaurante que nos recomendaron en la zona y donde probamos una deliciosa tabla de mariscos.

Al día siguiente, frescos y con nuestras fotos respaldadas, emprendemos un nuevo tramo de esta aventura: Chañaral, donde haremos una parada para aprovisionarnos antes de dirigirnos al Parque Nacional Pan de Azúcar. Ahí nos espera una pequeña cabaña frente al mar para los próximos tres días. ¡La aventura aún no ha terminado!

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