Después de disfrutar de tres tranquilos días en el Parque Nacional Pan de Azúcar, rodeados de paisajes desérticos bañados por el Pacífico, es hora de retomar la carretera hacia el norte. Nos esperan casi 800 kilómetros hasta llegar a San Pedro de Atacama, nuestro último destino en Chile antes de cruzar a Bolivia.
Decidimos dividir este tramo en tres días, haciendo paradas nocturnas en Taltal y Antofagasta, aprovechando para disfrutar de cada kilómetro del trayecto y detenernos en algunos puntos que nos parecen interesantes:
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Cifuncho
La primera parada fue Cifuncho, una caleta de pescadores que guarda una playa considerada entre las más hermosas de Chile. Aunque el cielo permanecía cubierto, logramos vislumbrar la serenidad del lugar. Nos quedamos con las ganas de disfrutarlo en un día despejado y seguimos nuestro camino hacia el norte.


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Taltal
Llegamos a Taltal alrededor de las tres de la tarde y nos dirigimos directamente a Hospedería Taltal, donde pasaríamos la noche. Aunque modesto, este céntrico alojamiento nos funcionaría para pasar una noche en el lugar. Dejamos nuestras cosas y salimos a explorar el pueblo, el cuál nos sorprendió con su rica historia minera y salitrera.
Taltal fue en su momento un puerto clave en la exportación de minerales y salitre. Fundado oficialmente como puerto en 1858, alcanzó su auge a fines del siglo XIX, cuando contaba con teatros, hipódromos y consulados. Las oficinas salitreras cercanas y la llegada del ferrocarril consolidaron su importancia económica hasta la crisis del salitre en los años 30.
Hoy, Taltal es un pueblo tranquilo que conserva vestigios de su pasado. Durante nuestro paseo descubrimos el Club Social Taltal 1893, una verdadera ventana a la época dorada de la ciudad. Entre fotografías antiguas que retrataban la prosperidad de aquel entonces, nos sentamos en la terraza del club para disfrutar de unos exquisitos ostiones a la parmesana acompañados de pisco, mientras el sol se ocultaba lentamente.






Al día siguiente, madrugamos para capturar la esencia y fachadas del pueblo antes de que despertara. Paseamos por sus calles aún dormidas hasta llegar al puerto, donde los pescadores ya estaban preparando sus embarcaciones para la entrante temporada de pesca. Desde un muelle cercano, observamos un grupo de lobos marinos alimentándose y jugando en el agua, atraídos por los cardúmenes que abundan en la zona.
Sin darnos cuenta ya habían pasado cuatro horas, era momento de partir si queríamos evitar la noche en la carretera. Nos despedimos de Taltal con el corazón lleno de gratitud y volvimos a nuestro recorrido.





Paposo
Continuamos hacia el norte, haciendo una breve parada en Paposo, un pequeño asentamiento que alguna vez marcó la frontera norte de Chile con Bolivia antes de la Guerra del Pacífico. Un sencillo monumento recuerda este hito histórico. Tras unos minutos de contemplación, seguimos nuestro camino.



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Observatorio Paranal
Siguiendo la ruta pasamos por el Observatorio Paranal, una de las instalaciones de observación astronómica terrestre más importantes del mundo. Aunque está abierto al público un día a la semana, nuestra visita no coincidió con su horario. Inicialmente habíamos planeado visitar algún observatorio, pero decidimos dejarlo para una futura ocasión, recordándonos que en cada viaje es esencial priorizar y dejar espacio para lo inesperado.
Si quieres visitar el Observatorio Paranal, te recomiendo que visites su página web ya que es necesario inscribirse con antelación para visitarlo.

Mano del desierto
Son tantas las veces que había leído sobre este lugar en blogs de viajeros que recorren el continente de norte a sur o en dirección opuesta, que detenernos era casi una obligación. La carretera por la que circulábamos pasaba cerca, y solo era necesario desviarnos menos de diez minutos para llegar.
La Mano del Desierto es una escultura creada en 1992 por el artista chileno Mario Irarrázabal, ubicada en medio del desierto de Atacama. Fue nuestra última parada antes de llegar a Antofagasta, donde pasaríamos la noche.


Antofagasta
Llegamos a Antofagasta después de casi 400 largos kilómetros en los que básicamente vimos tierra y algún que otro camión. Eran ya las seis de la tarde; habíamos desayunado muy temprano, y durante el camino solo encontramos una pequeña tienda donde compramos galletas y papas fritas para calmar el hambre. Nos instalamos en el ibis Styles Antofagasta y salimos rápidamente en busca de un lugar para cenar.
No tuvimos mucho tiempo para explorar la ciudad, ya que anocheció enseguida, y no habíamos planeado quedarnos más tiempo debido a las malas reseñas que habíamos leído en internet. Sin embargo, nuestras primeras impresiones fueron muy diferentes a lo que esperábamos. Al irnos a la mañana siguiente, nos quedamos con la sensación de que podríamos haber dedicado al menos un día más a descubrir lo que Antofagasta tiene para ofrecer.
Ex-Oficina salitrera Chacabuco
Después de la larga jornada de conducción de ayer, podemos decir que hoy nos espera un día mucho más tranquilo. Aprovechamos para no madrugar tanto, desayunar con calma e ir a cambiar algunos pesos chilenos por bolivianos, ya que pronto cruzaremos la frontera y queremos evitar las altas tasas de cambio en un lugar tan turístico como San Pedro de Atacama, nuestro última parada en tierras chilenas.
La primera parada del día será en la Ex-Oficina Salitrera Chacabuco, ubicada a 98 kilómetros al noreste de Antofagasta. Estas oficinas se destacan por ser las más grandes y las últimas en utilizar el sistema de producción Shank, característico de la época de oro de la extracción de nitrato. A pesar de su crecimiento, la industria del salitre en Chile empezó a decaer en la década de 1930 debido al desarrollo de fertilizantes sintéticos, lo que disminuyó la demanda de salitre. Esto provocó el cierre de muchas oficinas salitreras, incluida la de Chacabuco. La próspera comunidad que existía allí comenzó a desmoronarse, y la oficina quedó en completo abandono.
Unos años más tarde, tras el golpe de Estado de Pinochet, la oficina fue expropiada por las Fuerzas Armadas y convertida en uno de los campos de prisión y tortura más grandes de la dictadura militar.
Hoy en día, la Oficina Salitrera Chacabuco es un sitio histórico que conserva el legado de la era del salitre en Chile, así como su sombrío pasado como campo de prisioneros. El gobierno chileno ha restaurado parte de la infraestructura, lo que permite a los visitantes recorrer los edificios y las instalaciones.





Cementerio de los apestados
Estuve dudando mucho sobre si incluir esta parada o no en el artículo. Visitamos otros lugares que, en nuestra opinión, no merecían ser mencionados en esta lista, pero después de pensarlo, creo que no está de más compartir nuestra opinión sobre el Cementerio de los Apestados.
Habíamos leído sobre este lugar en varios blogs y videos de YouTube sobre el norte de Chile, por lo que decidimos incluirlo en nuestro itinerario, pero realmente nos equivocamos. También conocido como el Cementerio de los Niños Pampinos, es el sitio donde fueron inhumadas muchas de las víctimas de la peste bubónica que afectó la región a principios del siglo XX. Evidentemente, no nos acercamos por razones sanitarias, pero desde el arcén de la carretera se puede ver una peculiar e inquietante parcela. No tiene cercado y destaca como una línea densa y oscura sobre la vasta extensión del paisaje desértico, rematada por algunas elevaciones montañosas. En su interior, se observan pequeñas cruces desordenadas, hechas de madera simple, de un color uniforme, sin fechas ni adornos, salvo el tono pardo del metal oxidado, que se funde con los colores del desierto.

Calama
Este tramo del viaje concluyó en el aeropuerto de Calama, donde devolvimos el coche de alquiler y tomamos un transfer compartido con TransVIP hacia San Pedro de Atacama, nuestro destino final en Chile. Allí pasaremos los últimos cinco días en tierras chilenas antes de cruzar hacia Bolivia.
Si quieres seguir acompañándonos en este viaje, en el siguiente artículo te contamos que hacer durante 4 días en San Pedro de Atacama según nuestra experiencia. ¡Ahí nos vemos!
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